María y Andrés llevan toda la vida juntos. A sus setenta años ella se aferra a los recuerdos del pasado y a lo que queda de su marido: un cuerpo casi inerte en la fase terminal del
Alzheimer. Entre sueños y recuerdos María
intenta llevar su vida como puede en la vieja casa de una árida zona cercana a Río Tinto un lugar alejado del mundo y de su propia hija Lucía que vive fuera de España.
Cada día es monótono solitario y apagado. Sin embargo una noche recibirán una oscura visita que lo cambiará todo. Del paisaje emerge una horripilante y misteriosa criatura que
ha entrado en el dormitorio donde descansa su marido y parece querer arrebatar la poca vida que le queda. Con varios disparos de una escopeta de caza María consigue abatir a la
criatura esparciendo su sangre por la estancia. Días después la respiración de Andrés se apaga poco a poco.
Andrés muere y María queda totalmente quebrada perdida? Hasta que horas después de repente aparece otra horripilante criatura. Pero esta nueva aparición para María no
supondrá sino una enorme esperanza. Su marido Andrés transformando en una criatura de la noche levita por encima del suelo y busca alimentarse de la sangre de María.
Rojo sangre es una novela corta escrita en tercera persona con un toque pulp entre el drama y el género fantástico. Una muy original historia de vampiros pero también de
amores que nos pueden hacer daño que ya no nos pertenecen y que debemos dejar marchar. Más allá de la fantasía bajo la superficie de lo que se cuenta vampiros y vampirizados se
muestran en el fondo como un reflejo distorsionado de lo mismo como seres que convierten el amor en dependencia y necesidad. Tan tenebroso es meternos en la piel de los vampiros
como hacerlo en la de sus esbirros las personas que sacrifican toda su vida y se ponen al servicio de un amor que simplemente ya no merece la pena.
Inquieta mucho pensar en los mitos vampíricos. Pero inquieta aún más reflexionar en sus posibles ramificaciones e inspiración real. Da miedo pensar en la existencia de seres que sin
colmillos ni inmortalidad tengan
el poder de convertir a sus amantes en huéspedes a los que parasitar hasta que el amor se acaba . MANUEL H. MARTÍN